- Cuando siento que no hay una solución que satisfaga a ambos.
- Cuando me abstengo de más argumentos para no escalar el conflicto.
- Cuando mis emociones son más fuertes que mis argumentos.
- Cuando siento que la discusión ya no tiene sentido y nos hará daño a ambos.
- Cuando me doy cuenta de que no todos los conflictos necesitan resolverse de inmediato.