- Cuando trabajas en un entorno tranquilo sin distracciones innecesarias.
- Cuando tu día está planificado y las tareas están distribuidas en bloques de tiempo específicos.
- Cuando los colegas están en la oficina y colaboran en un proyecto conjunto.
- Cuando sientes que estás bajo presión, porque eso te obliga a trabajar más rápido.
- Cuando tienes la opción de elegir en qué trabajar, sin tareas predefinidas.