Imagina un encuentro con un ser desconocido, ¿cómo comenzaría?

  • En sus ojos no había miedo, solo curiosidad.
  • Éramos dos, pero cada uno de un mundo diferente.
  • Sus labios ardían, pero no decía nada.
  • El creador era silencioso, pero en su presencia todo era claro.
  • El mundo a nuestro alrededor se estaba desmoronando, pero su presencia era firme.

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