- Cuando tengo que ir en contra de mi sentimiento, aunque los hechos digan lo contrario.
- Cuando no tengo suficientes datos para tomar una decisión racional.
- Cuando otros me presionan para tomar una decisión para la cual aún no estoy preparado/a.
- Cuando ambas opciones son igualmente buenas y no sé cuál elegir.
- Cuando mis sentimientos y la razón me tiran en direcciones opuestas.