- Cuando no tengo suficiente información para tomar una decisión.
- Cuando siento que algo no está bien, pero no puedo explicarlo lógicamente.
- Cuando mi corazón dice algo diferente a la razón.
- Cuando tengo demasiadas opciones y no sé cuál elegir.
- Cuando tengo que decidir rápidamente sin la posibilidad de un análisis más profundo.