- Siempre me concentro en los resultados y en si la decisión valió la pena.
- Estoy reflexionando detenidamente sobre lo que podría haber hecho de manera diferente, aunque ya es demasiado tarde.
- Si el resultado no parece ser positivo, investigo dónde ocurrió el error.
- No tengo tiempo para evaluar decisiones, porque me estoy concentrando en otras tareas.
- Me cuido de poder aprender, pero no siento la necesidad de evaluar constantemente las decisiones pasadas.