Imagina que pierdes un tren y tienes dos horas en una ciudad desconocida. ¿Qué harías?

  • Me sentaré a tomar un café y observaré el entorno; tal vez anote algo.
  • Me iré a explorar la ciudad sin rumbo, a donde me lleven mis pies.
  • Intentaré encontrar una conexión alternativa para no perder el horario.
  • Llamaré a alguien cercano - quizás fue el destino que debíamos hablar.
  • Me quedaré en la estación, lo desconocido no me hace bien.

Pequeñas aventuras, grandes cambios: La fuerza de los momentos no planificados. Comenzar →