- Ignoro eso y espero que la situación se resuelva por sí sola.
- Analizo las razones de mi resistencia y trataré de comprender por qué me siento así.
- Me diré a mí mismo que si no tengo ganas de hacerlo, probablemente no sea importante.
- Dividiré la tarea en pasos más pequeños y me pondré manos a la obra.
- Acepto el desafío y decido conscientemente hacer exactamente lo contrario de mi impulso inicial.