- El flujo constante de correos electrónicos y mensajes de trabajo.
- Mi propia tendencia a asumir más trabajo del que es saludable.
- La imprevisibilidad de las tareas que cambian mi horario.
- La sensación de que tengo que estar siempre disponible y responder de inmediato.
- La fatiga física que me impide dedicarme a cosas fuera del trabajo.