- Después de un día lleno de constantes reuniones y decisiones.
- Cuando me sentí abrumado/a por las responsabilidades en el trabajo o en casa.
- Después de un período de intenso ritmo laboral, cuando me siento exhausto/a.
- Después de experiencias que me han agotado emocionalmente.
- Cuando sentí que no tenía espacio para momentos personales.